El control de plagas en establecimientos educativos en México —como guarderías, preescolares, primarias, secundarias, bachilleratos, universidades, internados y centros de formación— requiere una estrategia técnica similar a la de otros inmuebles: inspección del sitio, identificación de riesgos, definición de un plan de manejo, recomendaciones correctivas, registro de actividades, ejecución del servicio y monitoreo continuo.
La diferencia principal está en la naturaleza del entorno. En estos espacios conviven diariamente niñas, niños, adolescentes, docentes, personal administrativo y de apoyo, por lo que cualquier intervención debe priorizar no solo la efectividad del control, sino también la seguridad sanitaria, la discreción operativa y el cumplimiento normativo. En México, los servicios urbanos de control de plagas mediante plaguicidas deben realizarse bajo las condiciones sanitarias previstas en la NOM-256-SSA1-2012 y por empresas que cumplan con la regulación aplicable ante la autoridad sanitaria competente.
Los centros educativos deben ofrecer condiciones adecuadas de higiene y saneamiento para disminuir riesgos a la salud. La presencia de plagas puede afectar aulas, oficinas, bodegas, áreas verdes, sanitarios y especialmente zonas de preparación o consumo de alimentos. En estos espacios, además del control de plagas, resulta indispensable mantener buenas prácticas de higiene e infraestructura, particularmente en apego a criterios como los establecidos en la NOM-251-SSA1-2009 para prevenir contaminación y presencia de fauna nociva en áreas relacionadas con alimentos.
En México, la incidencia y el tipo de plaga pueden variar según la ubicación del plantel, las condiciones climáticas, el estado del inmueble, el manejo de residuos, la humedad, la vegetación circundante y la existencia de comedores, cooperativas escolares, almacenes o drenajes deficientes. Por ello, cada plantel debe evaluarse de forma individual, evitando soluciones genéricas.
Para una gestión profesional del servicio, se recomienda elaborar un plano de inspección del inmueble donde se identifiquen zonas críticas, puntos de acceso, condiciones de riesgo y especies objetivo. A partir de ese diagnóstico, debe definirse un programa de trabajo que incluya frecuencia de visitas, medidas preventivas, monitoreo, tratamientos autorizados, horarios de aplicación, medidas de seguridad y evidencia documental de cada servicio realizado. Esto permite mantener trazabilidad, facilitar auditorías internas y reforzar la prevención.